Sociatría: la radical idea de sanar a la sociedad

“A truly therapeutic procedure cannot have less an objective than the whole of mankind.”
— J. L. Moreno

Hay ideas que siguen sonando radicales incluso décadas después de haber sido formuladas.

En una época donde la psicoterapia comenzaba a consolidarse principalmente alrededor del mundo intrapsíquico del individuo, Jacob Levy Moreno propuso algo distinto: que el sufrimiento humano no podía comprenderse únicamente desde la historia personal, porque también estaba profundamente atravesado por los vínculos, los grupos, la cultura y la organización social.

A esa visión la llamó sociatría.

La frase de Moreno —“una terapia verdaderamente terapéutica no puede tener menos objetivo que toda la humanidad”— expresa con claridad el núcleo de su pensamiento: la salud no era solamente un problema individual; también era una cuestión social, relacional y colectiva (Moreno, 1953).

Hoy, conceptos como trauma colectivo, violencia estructural, salud mental comunitaria o memoria transgeneracional forman parte de múltiples disciplinas. Pero cuando Moreno comenzó a desarrollar estas ideas, gran parte del pensamiento psicológico estaba todavía centrado en modelos individuales, especialmente influenciados por el psicoanálisis clásico.

En ese contexto, resulta profundamente revolucionario que Moreno imaginara simultáneamente:

  • una clínica del individuo,
  • una clínica de los vínculos,
  • y una intervención sobre la sociedad misma.

Psicodrama y sociodrama: dos escalas del sufrimiento humano

Dentro de la sociatría, el psicodrama y el sociodrama no aparecían como métodos separados, sino como dos dimensiones complementarias de intervención.

El psicodrama se enfocaba en la experiencia singular:
los conflictos personales,
las escenas traumáticas,
los vínculos internalizados,
los roles construidos a lo largo de la vida.

El sociodrama, en cambio, dirigía la mirada hacia aquello que excede al individuo:
las dinámicas grupales,
las ideologías,
los mandatos culturales,
las tensiones políticas,
las violencias normalizadas,
los traumas compartidos por comunidades enteras.

El psicodramatista Peter Felix Kellermann explica esta diferencia de forma muy clara al señalar que “a psychodramatist looks at each tree one at a time while a sociodramatist insists on seeing the entire forest” (Kellermann, 2007, p. 18).

La frase sintetiza un desplazamiento fundamental:
el sufrimiento deja de pensarse exclusivamente como algo que ocurre dentro de las personas y comienza a entenderse también como expresión de contextos sociales y culturales.

Kellermann retoma además una idea central de Moreno:

“It is the group as a whole, which has to be put upon the stage to work out its problem, because the group in sociodrama corresponds to the individual in psychodrama” (Moreno, 1943/1972, citado en Kellermann, 2007, p. 18).

Es decir:
si el individuo es la unidad de exploración en el psicodrama, el grupo y la sociedad lo son en el sociodrama.

Esto implica que:
una sociedad también puede enfermar.

Conserva cultural: cuando la sociedad pierde espontaneidad

Quizá uno de los conceptos más vigentes del pensamiento moreniano sea el de conserva cultural.

Para Moreno, las sociedades producen respuestas, normas, instituciones y formas de relación que alguna vez tuvieron sentido histórico. El problema aparece cuando esas respuestas se rigidizan y continúan reproduciéndose automáticamente incluso cuando ya no favorecen la vida.

La conserva cultural no se refiere solamente a tradiciones visibles. También puede expresarse en:

  • jerarquías sociales,
  • modelos familiares,
  • formas de ejercer autoridad,
  • discursos sobre género,
  • dinámicas de exclusión,
  • instituciones,
  • e incluso maneras de comprender la salud mental.

Lo problemático no es la existencia de estructuras culturales, sino su cristalización.

Cuando una sociedad pierde espontaneidad y creatividad, comienza a repetir formas de funcionamiento que pueden sostener sufrimiento, violencia y desconexión humana.

Desde esta perspectiva, parte del malestar psicológico deja de entenderse exclusivamente como un problema privado. Algunas veces, el síntoma también puede ser una reacción frente a estructuras sociales dañinas.

Ahí la sociatría adquiere una dimensión profundamente política.

Porque entonces la pregunta ya no es solamente:
“¿qué le pasa a esta persona?”

Sino también:
“¿qué condiciones sociales producen este sufrimiento?”

Trauma colectivo y transmisión social del dolor

El trabajo contemporáneo sobre sociodrama y trauma colectivo ha desarrollado muchas de estas intuiciones.

En Sociodrama and Collective Trauma, Peter Felix Kellermann utiliza la metáfora de la radioactividad para describir cómo ciertos acontecimientos traumáticos continúan afectando generaciones enteras mucho tiempo después del evento original (Kellermann, 2007).

Así como la radiación permanece invisible pero sigue contaminando el entorno, el trauma colectivo puede seguir actuando silenciosamente en la memoria social, en los cuerpos y en las formas de relación.

Kellermann sostiene que el trauma colectivo deja huellas no solo en las personas, sino también en lugares, comunidades y culturas enteras (Kellermann, 2007).

Esta idea dialoga fuertemente con la noción de conserva cultural.

Porque quizá las sociedades no solo conservan tradiciones.
También pueden conservar traumas.

A veces lo que se transmite de generación en generación no es únicamente una costumbre, sino:

  • miedo,
  • violencia,
  • silencios,
  • mecanismos de supervivencia,
  • formas rígidas de relación,
  • o narrativas colectivas construidas alrededor del dolor.

Desde esta mirada, la espontaneidad propuesta por Moreno deja de significar solamente creatividad individual. También puede entenderse como la capacidad colectiva de producir respuestas nuevas frente a estructuras sociales traumatizadas.

¿Qué ocurrió con la sociatría?

Resulta llamativo que la dimensión más social y política del pensamiento moreniano haya quedado relativamente desplazada frente al desarrollo del psicodrama clínico.

No existe una sola explicación, pero probablemente influyeron varios factores.

Por un lado, la psicología del siglo XX tendió a institucionalizarse alrededor de modelos clínicos individuales. El consultorio privado se volvió el escenario privilegiado de intervención.

Por otro, pensar el sufrimiento como un problema social implica entrar en tensión con instituciones, sistemas económicos y estructuras culturales.

Es más sencillo pensar síntomas individuales que cuestionar sociedades enteras.

Además, muchas de las preguntas que la sociatría intentaba abordar terminaron fragmentándose en otros campos:
la sociología,
la psicología social,
los feminismos,
los estudios críticos,
el trabajo comunitario,
las teorías del trauma social.

Sin embargo, algo del proyecto original de Moreno sigue resultando vigente.

Especialmente en una época atravesada por:

  • polarización,
  • violencia social,
  • agotamiento colectivo,
  • aislamiento,
  • trauma histórico,
  • y crisis vinculares.

La sociatría obliga a sostener la pregunta:
¿es suficiente ayudar a las personas a adaptarse individualmente a sociedades que muchas veces continúan organizadas alrededor de conservas culturales traumáticas?

Quizá ahí radique todavía la radicalidad del pensamiento moreniano.

No solamente en haber creado una técnica terapéutica distinta, sino en haber imaginado que curarse era una tarea colectiva.


Referencias

Kellermann, P. F. (2007). Sociodrama and collective trauma. Jessica Kingsley Publishers.

Moreno, J. L. (1953). Who shall survive? Foundations of sociometry, group psychotherapy and sociodrama (2nd ed.). Beacon House.

Moreno, J. L. (1972). Psychodrama (Vol. 1). Beacon House. (Trabajo original publicado en 1943)


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